Este mes, quisiera enfocarme en mis pensamientos sobre la transición a ya no usar mascarillas y no tener que estar en casa por el miedo de exponernos al COVID. Primero, es algo raro estar afuera sin mascarilla, pero me imagino que las seguiremos usando por precaución. Probablemente nos sintamos mucho mejor si más personas se pusieran su vacuna, pero por lo menos las personas que a mí me importan están completamente vacunadas.

De alguna forma logramos pasar por un año sin encuentros cara a cara con aquellos que están fuera del círculo de nuestra familia inmediata, y vimos un año electoral culminar en una demostración vergonzosa de mentiras e intentos para derrocar nuestro gobierno con el respaldo del expresidente. Vimos como el asesinato de George Floyd llevó a un veredicto de culpabilidad en contra de Derek Chauvin. Uno de mis amigos fue arrestado durante las protestas en julio y otros se internaron en programas para la adicción y prevención del suicidio. Vi a mi hermana luchar en contra de la ansiedad y a mis padres separarse.

Y también fui testigo de algunas maravillosas horas que pasé en el océano, más viajes a la costa en doce meses que en todos los años anteriores. Pasé completamente a las clases en línea, y encontré que son menos estresantes y se adaptan mejor a mi estilo de vida. He disfrutado de dos semestres de historia de Estados Unidos e historia de Oregon, pero, aún mejor, tuve a mis padres tomando turnos para leerme mis tareas asignadas ambos igualmente fascinados con el complicado pasado de Oregon en cuanto a los nativos estadounidenses, los negros, los inmigrantes chinos y la población japonesa que primero vivía en Hood River, y luego en campos de internación esparcidos en todo el país. Empecé a tomar un nuevo medicamento que parece estar ayudándome en términos de flexibilidad y resultando en menos rigidez. Estoy solo, pero todos estamos un poco solos en esta era de la “nostalgia de la pandemia”.

Con todo en consideración, ciertamente ha sido un año difícil para las personas con discapacidades. Dependemos de nuestros cuidadores para las necesidades diarias, pero por meses no han podido venir debido al miedo de propagación del COVID. Algunos pudieron hacer el cambio a la socialización virtual, mientras que la mayoría de nosotros que dependemos de la tecnología de asistencia tuvimos dificultades con los cambios. Mientras que fuimos incluidos en el primer grupo para la vacuna, muchos de nosotros no pudimos conseguir citas por semanas. Algunos se enfermaron con COVID; y muchos murieron. Reportes noticiosos sobre la presión para que las personas discapacitadas formaran un DNR [Directiva de No Resucitación] mostró que nuestras vidas no son tan valoradas cuando se trata del tiempo designado para los escasos recursos en los hospitales.

Nosotros, la comunidad de personas discapacitadas, continuamos como canarios en la mina de carbón, pero en lugar de notar la amenaza como una advertencia para otros, la sociedad simplemente llena la jaula con más canarios y sigue de frente. Conforme entramos a un periodo de relajación en las restricciones para el COVID, no puedo evitar preguntarme: ¿cuántas más personas con discapacidades se enfermarán y morirán por el virus? ¿Qué número no sería tan malo? Es decir, ¿cuál es la cantidad aceptable?

Debido a que si tú me dices que estás dispuesto a permitir que las vidas discapacitadas mueran, eso me dice no eres uno de nosotros. Eso me dice que discriminas en contra de las personas con discapacidades, y que tiene prejuicios en contra de las personas que llegaron a una discapacidad antes que tú. Es un horrible retrato del nativismo que, desafortunadamente, está muy esparcido en nuestro país. Conforme aprendo en mi clase universitaria, la historia de nuestro estado está repleta de la perspectiva de que siempre hay alguien que perderá lo que tiene si una clase de personas más poderosas así lo decide. ¿Puede tal vez la historia enseñarnos lo que no debemos hacer a aquellos que son diferentes de nosotros? Temo que no hemos hecho un trabajo suficientemente bueno al enseñar la historia de nuestro estado a cada generación, ya que aquí estamos otra vez, dejando a las personas con discapacidades atrás, conforme nos enfocamos en regresar a la normalidad.

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