Una día, estaba almorzando en la escuela y escuché a otro estudiante decir lo estúpido que yo era, como si ser no verbal fuera un indicio de no ser inteligente. Tristemente, muchas personas piensan de esta forma y no tienen ningún problema en hacérmelo saber. Es tan común, persistente y aleatorio como un estornudo. Molestarme por eso era demasiado agotador y me dejaba sintiéndome muy mal. Creo que ha habido muchos momentos en los que me he sentido ofendido, pero, en ese momento en la cafetería, ese pedazo de mierda hizo que mi rabia se encendiera. Se suponía que la cafetería era mi espacio seguro, el respiro de tener que estar “activo” durante las clases, un lugar donde podía ignorar el mundo al ponerme mis audífonos. Al revisar mis opciones, hubiera preferido darle un puñetazo en la boca, pero sabía que eso era imposible y el enojo me provocó ansiedad. Esto hizo que yo empezara a quejarme y hacer ruidos, lo cual hizo que el chico empezara a reírse. Era una mala situación.

Creo que la pregunta sobre mi inteligencia primero ocurrió cuando tenía alrededor de nueve años y, por alguna razón, tuve que realizar una prueba de coeficiente intelectual. Tenía algo que ver con los servicios del condado para las personas con discapacidades. Todavía no aprendía a usar el tablero de palabras y tenía muchas menos palabras a las que podía acceder verbalmente con facilidad. Toda la comunicación era en una sola dirección. La prueba de CI requería que pusiera atención a las páginas de preguntas, que eligiera la pregunta correcta y le dijera al evaluador cuál era la imagen correcta al señalarla o nombrarla. El evaluador no tenía idea de lo que me estaba pidiendo. En primer lugar, nunca había estado en su oficina y estaba realmente distraído por todos los nuevos olores, la forma en que las luces parpadeaban y los muebles extraños, los cuales eran metálicos y grises. Nuestros muebles en casa tenía esquinas redondeadas y cubiertas de tela o estaban hechos de madera.

En segundo lugar, se esperaba que yo indicara al señalar o nombrar la respuesta correcta, pero yo no podía hacer ninguna de las dos. (Incluso había tenido que soportar que me trataran de enseñar cómo señalar cosas, pero nunca dominé esa habilidad). Sabía las respuestas a la mayoría de las preguntas de la prueba de CI, pero simplemente no podía responder. Fue increíblemente frustrante, pero estaba tan acostumbrado a que me silenciaran que no era gran cosa. Esta configuración de la prueba tan discriminatoria en contra de las personas con discapacidades indicó que mi CI era inferior a treinta, lo cual se considera un retraso intelectual grave (ID).

No sé cómo, pero mi madre logró salir del consultorio del médico sin arrancarle la cara, pero podía ver que estaba alterada. Imagino que debe de haber sido muy desmoralizador escuchar a un médico decir eso. Sin embargo, estaba más molesta por la forma en que la prueba estaba sesgada en contra de cualquier persona que no fuera verbal y cómo al médico pareció no importarle mucho. Cuando tomamos en cuenta las repercusiones que una clasificación de ID después de una cita de cuarenta minutos puede tener para todas y cada una de las personas no verbales con planificación motora deficiente, es realmente abuso infantil hacer que un niño pase por eso y una negligencia médica permitir que los médicos les den a las personas esos resultados tan viles que afectarán sus vidas de tantas formas, principalmente de forma negativa.

Aunque no lo crean, algunos años más tarde tuvieron que hacerme otra prueba de CI y terminaron enviándonos con el mismo hombre. En esta ocasión, pude usar mi tablero de palabras para contestar las preguntas y me fue mucho mejor. El médico me hizo muchas preguntas sobre el tablero de palabras y parecía sentir una curiosidad genuina por la técnica. Sin embargo, todo el tiempo me la pasé pensando en cuántos de los que nos sentamos en esa silla éramos tímidos o no verbales, estábamos distraídos por las luces y no podíamos escuchar las preguntas por encima de la luz parpadeante o no pudimos hacer que nuestros cuerpos actuaran de la forma en que debían. Todos recibimos esa clasificación y la mayoría de nosotros no hubiéramos tenido una segunda oportunidad para superar los defectos de la prueba. Eso es lo peor de todo.

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