Creo que el primer rostro, aparte de los de mis padres, que reconocí fácilmente fue el del locutor de noticias Jim Lehrer, de PBS NewsHour. Su voz y su actitud calmadas llegaban a mí cuando estaba jugando o cenando, siempre presentes en el fondo mientras mi familia se mantenía al tanto sobre las guerras y eventos políticos más recientes. Como recibí educación en casa hasta cierto punto, aprendí toda mi historia a través de la televisión y al escuchar a las personas mientras platicaban en eventos, como fiestas de cumpleaños o días festivos. La historia que escuché fue una mezcla de tendencias liberales de la radio pública y de la ironía poscomunista de los serbios desplazados que continuaron asando un cerdo en el santo de un familiar y en Navidad (en el calendario ortodoxo).

Mi experiencia con la historia de Estados Unidos empezó oficialmente en la preparatoria, cuando tomé mis primeras clases de educación general. Fue decepcionante de varias formas: primero, a los otros estudiantes parecía no importarles conocer los detalles relacionados con la forma en que nuestro gobierno funcionaba. Además, era difícil profundizar en un tema porque muchos estudiantes hacían comentarios estúpidos o trataban de incitar argumentos en los cuales ni siquiera creían.

Y luego, en el segundo año, Trump fue electo presidente y vi a mi maestro de historia romper en llanto. Fui a la marcha de las mujeres en Portland con mi mamá y mi hermana y llevé un cartel que decía: “Autista y orgulloso”. Era la primera vez que me presentaba en público como una persona neurodivergente y, si le puedo dar crédito a la administración de Trump por algo, es por infundir un sentido de identidad personal que enfocó el lente a través del cual veía el mundo.  Me sentí más conectado con las personas que estaban marchando que con mis compañeros, porque la gente estaba enojada, casi tan enojada y frustrada como yo me sentía todos los días tratando de navegar por un mundo que no está diseñado para incluirme. Para esa multitud de personas predominantemente blancas, puede haber sido su primera experiencia de no sentirse bienvenidas en su país. Hizo que mis compañeros de clase pusieran más atención a lo que estaba ocurriendo a su alrededor y lo personalizaran. Estoy seguro de que esto llenó de energía a nuestro maestro, quien nos enseñó todo acerca de los riesgos potenciales de la próxima administración, dados los nombramientos del gabinete de Trump.

En los últimos cuatro años, aprendí sobre la superposición de la llamada idea republicana relacionada con poca supervisión federal y el nepotismo, cómo el nepotismo tiene sus raíces en los dictadores y cómo pueden ignorarse las leyes si tienes suficiente poder y te rodeas de personas que te dicen lo que quieres oír. Sobre todo, vi el espacio segregado reservado para las personas como yo cada vez que alguien compartía el video de Trump en el cual imitaba a un reportero con discapacidades en ese mitin; escuché esa cámara de eco llenarse con las risas de la audiencia y me enfurecía tanto que mi cerebro podía destruirse a sí mismo debido a la impotencia.

Luego recordaba la luz que nos conectaba a cada uno de nosotros en la marcha de las mujeres, la luz de una nueva comprensión en los ojos de un compañero de clases después de que compartí una experiencia de vida que él no podía ni siquiera imaginar y los comentarios de una sala de profesionales que trabajaban con personas como yo, pero que nunca había tenido la oportunidad de escuchar. Estos encuentros han empoderado mi activismo en estos tiempos tan solitarios, en los cuales las personas como yo están limitadas a cuatro paredes y una computadora (en un buen día). Mi cita de vacunación la próxima semana tiene todo lo necesario para ser un Día del Armisticio personal y solo puedo considerar a la administración de Biden como un emisario de paz durante los próximos dos años, en los cuales trazaremos un camino progresivo hacia adelante o sucumbiremos a alguien que quiera parecerse a Trump y que sea más inteligente y mejor organizado.

Por mi parte, tengo planeado seguir luchando por las voces de las personas con discapacidades. Por ejemplo, es tiempo de que regrese el IACC (Interagency Autism Coordinating Committee o Comité de Coordinación Interinstitucional sobre Autismo), el cual desapareció del mapa el año pasado. Debe haber cheques de estímulo, retroactivos al inicio de la pandemia, para los dependientes de más de 18 años de edad incluidos en la declaración de impuestos de sus padres. Esta disparidad es injusta y discriminatoria en contra de las personas con discapacidades. Después de todo, estas familias están sufriendo igual que todos los demás, pero su familiar discapacitado se enfrenta a muchos obstáculos en los tiempos previos a la pandemia (por ejemplo, desempleo, inseguridad de vivienda y aislamiento) que muchas familias ahora están experimentando de primera mano.

¡Es importante que reconozcamos que muchas personas están recibiendo el mismo trato de marginación que las personas con discapacidades experimentan todos los días! Normalicemos el trabajo desde casa, apoyar a las familias con miembros vulnerables mediante horarios flexibles y crear espacios en las escuelas para los que aprenden mejor en línea y a su propio ritmo. Asegurémonos de que aquellos de nosotros que dependemos de los trabajadores de apoyo personal o que vivimos en viviendas grupales recibamos la vacuna temprano para que podamos garantizar que nuestras burbujas estén protegidas. Nunca perdamos de vista las lecciones que hemos tenido que aprender este último año cuando el polvo se asiente y la vida regrese a una nueva normalidad para la mayoría de nosotros.

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