“Quisiera saber qué consejos tiene para los padres de niños pequeños que apenas se están enterando de que la comunicación verbal de sus hijos está afectada. ¿Cuáles son algunas cosas clave que hay que recordar, hacer o intentar?”

Recuerdo cuando me acababan de diagnosticar y no estaba usando comunicación verbal de forma consistente. Sé que mis padres estaban preocupados: recuerdo haberlos escuchado decirle al doctor en ese entonces que yo había dejado de hablar, y eso era particularmente difícil para ellos porque me estaban hablando en sus idiomas natales. Era como si estuviera rechazando sus culturas. Desearía que no hubieran dejado de hablarme en serbio y lituano, en lugar de cambiar al inglés, porque realmente me hubiera gustado poder dominar los tres idiomas. Creo que hicieron eso porque pensaron que me estaban facilitando las cosas, pero sé que hubiera podido manejarlo. Después de todo, tomé dos años de español en la preparatoria y realmente lo disfruté. Así que les diría a los padres que sigan hablando en su idioma preferido.

Un punto muy importante que me gustaría hacer es que los padres necesitan recordar que están pasando muchísimas cosas bajo la superficie. Sin duda, en mi caso, estaba tan abrumado por todos los estímulos sensoriales a mi alrededor que apenas podía conectarme con mis padres o terapeutas. Realmente amaba cuando reproducían música y cantaban porque aprendí qué palabras esperar y trataba de formarlas con la boca. También era algo que compartíamos que era divertido, especial y libre de presiones. Descubrí que acurrucarme y recibir abrazos profundos y con presión eran la mejor forma de que yo cobrara conciencia de mis padres, y buscaba movimientos que mecieran o rebotaron mi cuerpo en el espacio. Cuando estaba cuidando de esa necesidad profunda de sentir comodidad dentro de mi cuerpo, me sentía relajado y capaz de probar el habla. Por eso, ir al consultorio de alguien y tener que pronunciar sonidos al azar para una persona que no conocía era tan difícil y, honestamente, no utilicé nada de lo que trataron de enseñarme, porque tenía una asociación muy negativa con las palabras.

Así que si tuviera que resumir una cosa que los padres pueden hacer cuando se enteran de que sus hijos tienen dificultades verbales, diría lo siguiente: tengan cuidado con las cosas a las que someten a sus hijos. No deberían obligar a ningún niño a tomar cuarenta horas de terapia a la semana, como yo tuve que hacerlo. El juego debería ser la actividad principal, y no me refiero a las ideas neurotípicas del juego, porque utilizan su definición de lo que es divertido, ¡lo cual les puedo garantizar que su hijo(a) autista no compartirá! Si acaso, los llevará a ambos a la decepción. A usted, porque tendrá que recordar que su hijo(a) no se relaciona con las cosas como lo hacen otros niños, y a su hijo(a), porque no disfrutará de eso a lo que lo(a) están empujando a jugar.

En cambio, les recomendaría a los padres que estén abiertos a cualquier cosa que a su hijo(a) le guste hacer y que traten de descubrir qué hace que sea tan atractiva. Por ejemplo, a mí me encantaba cortar papel, rociar cosas frente a mis ojos y estar envuelto dentro de una bolsa de dormir, en un lugar agradable, oscuro y suave. Cuando las personas empezaron a hacer esas cosas conmigo, no sabía que esperar porque, hasta ese entonces, habían interrumpido mi juego con su propia agenda. Sin embargo, a la larga, entendí que eran sinceros, bajé la guardia y empecé a observar cómo jugaban. Con el tiempo, pudieron introducir otras formas de juego y formé conexiones fuertes con ellos de esa manera. Me sentí escuchado y visto como una persona con sus propios intereses y respetado por ser yo mismo, aunque fuera autista. Finalmente, se convirtió en respeto por quién era yo como una persona autista, y ese es el mejor sentimiento de todos.

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